La Europa que nos toca

18jun08

Esta semana estoy chinada con Europa, esa de los 27. La de “la Unión hace la fuerza” y “las normas que promulgamos harán bien a todos”. Perdonen que no les aplauda.

¿En qué momento se olvidó de los avances sociales?

Esa Europa idealizada que nos vendieron se quedó en el camino, cuando el dinero venció a las personas, cuando la dialéctica quedó para convencer a unos pocos incautos que todavía creen en la política. Al fin y al cabo el estado del bienestar ya fue algo conseguido por gran parte de los países miembros…ah, que qué pasa con los nuevos. Bueno, esos son los últimos del club, aún no tienen derecho a todo. En fin, bienvenidos mano de obra barata.

En estos días el Parlamento Europeo, la máxima expresión de la diplomacia de la unión ha cogido ritmo y se ha puesto a promulgar. Ya está aprobada la futura y flamante Jornada Laboral de 65 Horas un paso adelante en los derechos sociales del siglo XIX. Perdón, que estamos en el XXI, inconscientemente me bailan los números…Que ilusión me hace como trabajadora, tanto como a los cientos de personas que ya han mandado un mail a los eurodiputados.

Otra de las normas aprobadas esta semana es sobre la inmigración. Parece la última entrega de una película de superhéroes “Ilegales, el retorno”. En Europa quieren tener mano dura con los extranjeros llegados de manera irregular a tierras comunitarias. Tanto, que poco les ha faltado para sacar el látigo. Más restricciones para la admisión de refugiados y una incipiente criminalización de la inmigración es el resultado más palpable de esta nueva directiva europea.

Sigo dando vueltas a eso de Bolonia y su boloñesa monumental. La reforma de la universidad pública pasa por manos privadas, cosa que, aunque ya se venia haciendo en la sombra, va a salir a primer plano. Asistiremos a la mercantilización de la educación superior. Con la connivencia del ente público la transmisión de conocimientos será más elitista que nunca y más enfocada al beneficio económico y empresarial posterior.

Aunque no todo son malas noticias. Irlanda ha dicho “NO” al Tratado de Lisboa, con lo que me gustan a mi los fados. Tras el referéndum que tuvo lugar hace unos días, este pequeño país ha puesto en un brete al resto del continente (bueno, a Suiza no, que ni le va ni le viene) puesto que dicho tratado ha de ser aprobado por todos y cada uno de los estados miembros. Claro que Europa no se achanta y piensa seguir con su proceso confiando en que los europarlamentarios tengan mejor vista que una pandilla de irlandeses que son los únicos que han podido opinar al respecto.

¡Y encima me van a cobrar por recibir llamadas al móvil!

Lo dicho, que estoy chinada.

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